
Lo que llamamos “autoestima baja” es una concepción de nosotros mismos que, en esencia, está atravesada por dos emociones: el miedo y la tristeza.
Miedo a no ser capaz, miedo a equivocarme, miedo a ser rechazado, miedo a repetir un patrón, miedo a sufrir, miedo a ser abandonado por alguien que considero importante.
Y tristeza por todo aquello que estoy perdiendo desde este lugar, por esa falta de apoyo, de cobijo, de seguridad en mi mismo.
Este compendio de emociones alimenta una figura muy conocida y al mismo tiempo muy temida: nuestro crítico interno. Esa vocecita interna que nos juzga, nos castiga, nos señala con el dedo. Con la intención de llevarnos por la vida con rectitud eso si, pero con unas formas que no nos hacen crecer, más bien nos machacan.
Este crítico interno que hace las veces de padre y madre cuando éramos pequeños, esas formas equivocadas que tenían de querernos y de enseñarnos, que más nos hacían alejarnos de ellos que acercarnos. Y si embargo esas maneras de papá y mamá quedaron dentro de nosotros instaladas en forma de programa informático que se llama “crítico interno” y que se encarga de deteriorar nuestra autoestima generando una tercera emoción principal: la culpa.
Así está diseñada nuestra autoestima.
Y sin embargo existe un gran ejercicio de autoamor, una operación quirúrjica de autoestima que consiste en tomar conciencia de que el miedo puede ser adaptativo, puede sernos algo útil si sabemos entender de qué pretende protegernos.
La tristeza puede ser un lugar de refugio y autoaislamiento necesario cuando algo ya no está, cuando siento nostalgia, y puede ayudarnos a recargarnos energéticamente si le doy el espacio adecuado a esta emoción.
Y la culpa puede dejar de ser autodestructiva si conecto con la intención positiva que me llevó a actuar en un primer momento, ya sea con acierto o no, pero con buena intención.
Me gustaría escuchar esas palabras de comprensión, de empatía, de apoyo que no escuché cuando era un niño. Y las escucho ahora. Sientes miedo porque quieres hacer las cosas bien. Sientes tristeza porque las cosas te importan. Sientes culpa porque te gustaría crecer como persona. Abrazo estas emociones, las acepto, les doy su lugar, y a continuación, cuando todo está en equilibrio, las dejo marchar sin prisa pero sin pausa.
Mariano de los Santos