La gestión del conflicto, clave para la supervivencia del equipo de trabajo (y de la pareja)

Los equipos de trabajo, como cualquier otro sistema vivo, pasan por distintas etapas hasta llegar a su madurez y desarrollar su máximo potencial. La Escuela Crearte Coaching nos ayuda en la tarea de identificar las etapas principales y veremos así cuál es la clave principal para el éxito de un proyecto colectivo.

Etapa 1: Creación del equipo (y de la pareja)

El equipo se constituye. Es una etapa de transición donde las personas pasan de una estado individual a un estado de miembro de un equipo. Son habituales los sentimientos de excitación, optimismo, orgullo por participar en un proyecto común. Y también, cierto recelo, miedo y ansiedad con respecto a las tareas a acometer y a si estaré a la altura de las expectativas de los demás.

Durante esta etapa se suelen dar discusiones abstractas y elaboradas sobre asuntos no relevantes, no se identifican los problemas realmente importantes y el avance hacia las metas para las cuales el equipo fue creación es pequeño.

Etapa 2: Crisis del equipo (y de la pareja)

Es una etapa difícil y probablemente la más rica. Los integrantes del equipo se lanzan a la piscina y se dan cuenta de que la tarea es diferente o más difícil de lo que se imaginaron, volviéndose enojadizos, gruñones, celosos y/o impacientes. Se encuentran en la necesidad de salir de su zona cómoda para desarrollar sus capacidades colectivas y chocan con sus propias limitaciones, lo que les genera un sentimiento de frustración. Es frecuente que surjan discusiones, que unos se pongan a la defensiva, que se cuestionen las ideas del otro, que haya desunión, tensión, etc. Aquí surje un reto: si el equipo no desarrolla herramientas de gestión del conflicto puede morir o bien puede volverse tóxico.

Etapa 3: Autorregulación del equipo (y de la pareja)

Esta es la clave principal de supervivencia de todo sistema, ya sea un equipo, una pareja, una relación de amistad o un sistema interno, es decir, la gestión emocional de uno mismo. Y consiste en desarrollar la capacidad de estar bien después de haber estado mal. De ser capaz encontrar la calma después de haber pasado por el enfado y la frustración. De utilizar los momentos de crisis para identificar y consolidar los pilares del sistema.

En esencia, en esta etapa el equipo desarrolla habilidades para expresar las críticas de modo constructivo y para que el otro reciba esas críticas no como un ataque sino como una necesidad de entenderse y crecer.

La duración de esta etapa puede variar enormemente dependiendo de la facilidad con la que se resuelva la insatisfacción de sus miembros y se integren los nuevos acuerdos.

Si la herramienta de autorregulación se lleva a cabo de manera efectiva, entonces tras la etapa de crisis se conmienzan a optimizar los recursos, se reconcilian las lealtades y responsabilidades que están en competencia, se identifican y aceptan reglas fundamentales de convivencia y la individualidad de cada uno dentro del equipo. El conflicto emocional se reduce y pasa a convertirse en capacidad de cooperación: los miembros del equipo empizan a ayudarse mutuamente. Se genera una visión compartida que da lugar a la defición de metas comunes.

Ahora bien, cuando hablamos de un equipo tóxico queremos decir que la autorregulación no se realiza con efectividad, los conflictos se resuelven con parches, distracciones o simplemente dejándolos para más tarde. Y entonces el equipo vuelve permanentemente a la etapa 2, de crisis.

Etapa 4: Madurez del equipo (y de la pareja)

Para llegar aquí es necesario haber superado la etapa 3, es decir, haber desarrollado y consolidado herramientas de autorregulación efectivas, lo que habrá ayudado a construir un equipo cohesionado.

Esta etapa es el momento de mayor productividad, de resultados de éxito y de celebración. Se han definido las expectativas y las reglas fundamental que regulan las relaciones dentro del equipo. Sus miembros han descubierto y aceptado los puntos fuertes de cada uno así como sus áreas de mejora. De este modo pueden actuar en su día a día tomando decisiones conjuntamente, implantando cambios y resolviendo problemas como un sistema vivo, maduro y sano.

Eso sí, debemos tener en cuenta que los proyectos profesionales y personales no son procesos estables, tienen a menudo altibajos ya sea por causas internas o externas. Por eso equipo volverá a menudo a la etapa 3, de autorregulación, donde será necesario hablar las cosas desde la calma y la empatía, como un equipo maduro, y así volver a la etapa 4 y continuar con la dinámica de éxito.

Mariano de los Santos