
En mis inicios como coach, cuando hacía sesiones solía tener a mano un montón de hojas con diferentes técnicas. En seguida que el cliente empezaba a hablar, me ponía a buscar frenéticamente la técnica que podría ser más útil para ayudarle. O quizá para salir airoso, porque mi inseguridad me hacía estar más pendiente de usar técnicas que de serenarme y escuchar atentamente lo que el cliente necesitaba expresar.
Hoy ha llovido bastante desde entonces, y ahora es más fácil estar relajado en sesión y así utilizar las dos herramientas más importantes de todas: la escucha activa y la empatía.
Son dos herramientas que no tienen «pasos» ni un «twist» al final, sin embargo son más útiles que muchos de esos ejercicios, en tanto que me obligan a meterme de lleno en el pozo del cliente, ir allí a su noche oscura portando una lamparita.
Y después de una conversación llena de reflexiones constructivas y pequeños descubrimientos, ir notando cómo la energía sube y sube, hasta que lo que era oscuro se convierte en luz, y lo que era fatiga se convierte en motivación.
Mariano de los Santos