Hijos de sustitución (y otras negligencias)

Un hijo de sustitución es aquel que ha sido concebido después de un aborto o del fallecimiento de un hijo que ha dejado un enorme vacío. Murió, y ahora tenemos dos opciones: dejarlo estar o tener otro hijo rápidamente que reemplace al que se ha ido.

Es una forma muy equivocada de hacer el duelo. Ya que el reemplazo no podrá darse del todo, porque el hijo nuevo será querido pero el que se fue no será olvidado. Y el hijo nuevo quedará en un limbo de autoestima en el que podrá permanecer hasta bien entrada la edad adulta.

¿Quién soy yo en realidad? ¿Mis padres quisieron tenerme o quisieron tapar un agujero? ¿Mi llegada al mundo fue motivo de felicidad o fue un parche para tapar la profunda tristeza que inundaba mi hogar? ¿la sonrisa de mi madre al verme fue auténtica o fue forzada porque el hijo que se fue ya no volverá? ¿merezco estar en este mundo cuando en realidad quién debería estar aquí no soy yo?

Un duelo adecuado se hace desde la aceptación y la despedida. Eso limpia la energía para que un nuevo hijo sea concebido por sí mismo, que es lo que se merece, y no por otros.

Es una negligencia traer un hijo al mundo sin hacer los duelos necesarios. Ocurre por desconocimiento, porque a menudo socialmente se resta importancia a la gestión adecuada de las emociones, en vez de asumir que todos necesitamos cuidar nuestra mente de vez en cuando, sobre todo en situaciones de dolor profundo.

Aceptación. Despedida. Bienvenida.

Mariano de los Santos