Los abusos sexuales que no aparecen en las estadísticas

Llegan a mi consulta casi todas las semanas mujeres con heridas emocionales producidas por haber sido abusadas sexualmente en la infancia. Actos producidos en su inmensa mayoría en el ámbito familiar, donde el abusador es el padre, el abuelo, el hermano o el tio.

Abusos que no se han denunciado porque la víctima, cuando intentó contarlo, fue desacreditada en primer lugar por la propia familia. Hay verdades tan dolorosas que son capaces de destruir familias, sin embargo quien destruye la familia no es la víctima sino el verdugo, que por el contrario acaba saliéndose con la suya.

Y la víctima, que ahora es adulta, ha tenido una vida emocional inestable, con relaciones de pareja tóxicas y sin poder tener relaciones sexuales satisfactorias. Pero hoy en día prefiere no denunciarlo a la policía. Para qué. ¿Para volver a hablar del tema con desconocidos que a lo mejor le dicen “lo siento, pero no se puede hacer nada”? ¿Para que se le tache de “no estar bien”? ¿Para que se le señale como la responsable de haber destruido la familia?

Esta mujer, a día de hoy, solo quiere una cosa. Hacer vida normal. Sentirse en paz consigo misma, encontrar equilibrio vital y ser capaz de establecer relaciones sanas. Y pasar página.

Eso es lo que hacemos en sesión.

Esa mujer es mucho más común de lo que parece. Son nuestras amigas, nuestras compañeras de trabajo, son las niñas y mujeres de nuestras familias. Lo digo porque tan sólo el 2% de los abusos sexuales es detectado por las estadísticas. Y Save the Children señala que 1 de cada 4 mujeres en España ha sufrido abuso sexual antes de los 17 años.

Mariano de los Santos