Padres inconscientes y autoestima profunda

Los padres cometen muchas inconsciencias a la hora de traer hijos al mundo. Imaginaros una pareja que estaba mal, y tuvieron un hijo a ver si así la relación mejoraba. Y fue al revés, estalló por los aires y papá acabó marchándose. ¿Dónde está papá? Pregunta el niño. Y piensa, si papá no está quizá es porque no me merezco que esté, no soy digno de su amor. Esa es una semilla de autoestima que hará crecer una flor mustia.

Imaginaros un bebé que falleció a los 8 meses, y los padres, desesperados y devastados por el dolor, decidieron rápidamente ponerse a buscar un nuevo hijo, que nace un año después y simbólicamente viene a restituir al bebé fallecido. ¿Quién es el verdaderamente importante aquí, el bebé fallecido o el bebé recién nacido? Es una pregunta que ronda la autoestima del recién llegado y le acompañará por muchos años.

Imaginaros unos padres atareados por sacar adelante un negocio familiar y a los 3 hijos que ya tienen. Y la madre vuelve a quedarse embarazada. Tal es el kaos que se vive en casa que al nuevo sólo le queda la opción de no hacer ruido, no molestar, ser el más bueno de todos y aceptar lo que le echen. Sólo así tendrá posibilidades de ser visto, los padres ya no llegan a nada más. Vino al mundo sin ser protagonista, sin ser especial. Le pusieron un cartel subconsciente que decía “debes saber que, aunque te queremos, eres una carga, una molestia” y debió dedicar toda su infancia a desmentirlo.

Imaginaros a unos padres que tenían dos niñas y aunque no querían tener más hijos hicieron un último intento deseando que fuera niño. El padre se frotaba las manos, esta vez sí. Le llevaré al fútbol, será un muchacho fuerte y recto, llegará lejos en los estudios y será director en una empresa. Todas las estadísticas estaban a su favor. Sin embargo cuando supieron el sexo del bebé, en vez de un día alegre fue un día catastrófico. “Decepción” es el cartel con el que vino al mundo esa nueva niña.

Mariano de los Santos