
Lo importante que es respetar la esencia de nuestros bebés. Cuando vemos que el test de embarazo da positivo saltamos de alegría, nos envolvemos en un torbellino de ilusiones, se nos ilumina la cara.
Y también empezamos a proyectar cómo va a ser nuestro hijo o hija cuando nazca, comenzamos a asignarle un rol. De un modo subconsciente, nuestros hijos vienen al mundo a sanar nuestras heridas.
Si yo no sé inglés y siempre me he sentido frustrado por no saber inglés, quiero que mi hijo sepa inglés. Le mandaré a academias desde que tenga 2 años, le echaré la bronca cuando falté a clase de inglés y si en algún momento suspende la asignatura de inglés me sentiré profundamente decepcionado. Y alimentaré a mi hijo con todas esas emociones de culpa y exigencia.
No saber inglés es una herida emocional quizá poco perturbadora pero nos sirve para este ejemplo. Hay otros casos que forman parte de nuestro día a día. Quiero que mi hija sea delicada, servicial, comprensiva, sacrificada… y la alimento, ya desde el vientre, con esas directrices emocionales. Quiero que mi hijo sea fuerte, analítico, triunfador, comedido…, y le alimento desde el día uno con ese mandato.
Sin darme cuenta estoy poniendo sobre la mesa mis miserias más profundas, mis logros no conseguidos, mis heridas que aun no han cicatrizado. Y esto puede tener consecuencias muy negativas en la etapa de formación de la personalidad de nuestros hijos, no sólo porque estaremos corriendo el riesgo de castrar su esencia sino también porque en algún momento de su vida se van a querer rebelar contra ese rol impuesto.
Habría que pararse a pensar y valorar cuál es la verdadera esencia de mi hij@ y tener la capacidad y el coraje no sólo de respetar esa esencia sino también de alimentarla con confianza y admiración. Eso les ayudará a ser la mejor versión de sí mismos y en consecuencia que puedan ser más felices.
Esto nos lleva a una evidente conclusión: antes de tener hijos viene bien trabajarse un@ mism@ para liberar peso de la mochila. Así no cargamos a nuestros descendientes con nuestros conflictos no resueltos. Y si no lo hemos hecho antes, nunca es tarde para hacerlo. La energía de tu árbol genealógico lo agradecerá.
¿Respetaron tu esencia cuando eras pequeñ@?
Mariano de los Santos